Una guía para reconocer tu don y tu disposición para liderar — no para etiquetarte, sino para ayudarte a servir con más claridad y libertad.
Antes de empezar, ten presente algo importante: lo que sigue no es un examen para aprobar ni una etiqueta que te defina. Es una herramienta para ayudarte a reconocer con más claridad cómo Dios te ha diseñado para servir — dentro del marco que ya conoces: lo que hago, lo hago para Ti.
Vas a recorrer dos partes cortas:
1. Tu don — según los dones de motivación de Romanos 12. 2. Tu disposición para liderar — que es distinta a tu don, y no todos la tienen igual.
Porque según la medida de fe que Dios repartió a cada uno... teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, úsese cada uno según la proporción de su fe.
ROMANOS 12:3,6
Al final, un resultado no reemplaza la confirmación de tu líder o mentor espiritual — solo es un punto de partida para esa conversación.
Parte 1 de 2 · Pregunta 1 de 14
Tu Don
Parte 2 de 2 · Pregunta 1 de 8
Tu Disposición Para Liderar
Tu Resultado
Resultado
Tu don predominante
—
—
Sobre el nombre de este don en tu iglesia: cada iglesia local se organiza según su propia historia, tamaño y las necesidades que Dios le ha puesto por delante. Por eso es muy posible que en tu congregación este don no se llame exactamente como aparece aquí — quizás le dan otro nombre, o está integrado dentro de otro ministerio o función distinta. Eso no cambia lo esencial: lo que importa no es la etiqueta que reciba, sino el fin para el cual Dios te lo dio. Si no encuentras ese nombre en tu iglesia, no te detengas ahí — conversa con tu líder o pastor sobre cómo esta capacidad puede expresarse dentro de la estructura que ya existe en tu congregación.
Cómo Cuidar Este Don
—
—
Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho mutuo.
1 CORINTIOS 12:7
Este resultado es un punto de partida, no una conclusión. Llévalo a tu líder, mentor espiritual o pastor para confirmarlo juntos. Si sientes que hoy lideras "por necesidad" más que por convicción, está bien — eso también es un buen punto de partida para conversar sobre tu formación. Y recuerda: tu valor delante de Dios nunca depende de este resultado.